miércoles , agosto 3 2022

Imparable contra el dolor y los prejuicios

La conocimos en la década de los ’80 como villana joven rebelde de teleseries, y tras años de trayectoria, durante el último tiempo la volvimos a econtrar en la pantalla chica, esta vez participando en un espacio de humor que tuvo gran éxito: Teatro en Chilevisión, canal que gracias a esta propuesta, lograba altos niveles de sintonía en el horario Prime.Pero esta multifacética mujer siempre estuvo interesada en transitar por caminos que la condujeran al bienestar, por lo que además se transformó en terapeuta holística certificada, que realiza terapias florales y reiki, y que cuenta con estudios en terapia budista y psicología transpersonal.

Como se puede ver, Ana María Gazmuri es muchísimo más que una talentosa actriz. Ella protagoniza su propia historia, y su guión -en el último tiempo- ha cobrado gran fuer­za, ya que se posicionó -sin quererlo ni bus­carlo- como uno de los rostros detrás de la defensa del uso terapéutico de la marihuana en Chile.

EL ORIGEN DE SU LUCHA

Como activa usuaria de Twitter, hace 3 años decidió tomar parte en el debate público en defensa del uso del cannabis sativa. Así, comenzó a convertirse en un referen­te en la materia y en su intención de opinar y evitar que se vulneraran las libertades ciudadanas, se convirtió en directora de la Fundación Daya, una organización sin fines de lucro que busca sanar y aliviar el dolor utilizando las propiedades curativas de la marihuana.

¿Cómo te conviertes en líder de un movimiento pro cannabis?

Se dieron varios hechos. Hubo mucho re­vuelo por la detención de algunas personas que yo conozco por el consumo de marihua­na y, producto de esto, sufrieron un enjuicia­miento público que me pareció inadecuado, y desde la tribuna ciudadana decidí interve­nir. Me invitaron a un debate en un programa

de TV en el que me fue muy bien. Comencé a enterarme de los usos medicinales de esta hierba y conocí algunos testimonios que me impactaron profundamente.

¿Recuerdas alguno de estos casos?

Por supuesto. Está el caso muy dramático de una niñita de 2 años y medio que sufría epilepsia refractaría severa, y estaba en ries­go vital. Su mamá era médica y por allí nos contactamos. Desde la primera aplicación del cannabis, las crisis bajaron de manera relevante, en número de 30 a 6. Ella empe­zó a recuperar sus capacidades y a experi­mentar un despertar neurológico. Así me di cuenta que esto era demasiado importante, porque acá estaba en juego la salud de los niños y el bienestar de las familias.

¿Y decidiste que debían organizarse?

La tremenda necesidad de las personas nos hizo llegar a un punto en el que había que canalizar los recursos, porque era demasia­da la demanda. Comenzamos en la sala de mi casa, pero era tanta la gente que circula­ba que decidimos crear Fundación Daya a principios de 2014, la que se constituyó bajo el imperativo ético de hacer todo lo posible por garantizar el acceso al cannabis medici­nal para todos quienes lo necesiten.

¿Y cómo funcionan en concreto para no contravenir la Ley?

La Ley 20.000 es muy clara en señalar que no es delito el cultivo de marihuana para uso personal así como tampoco para trata­miento médico. Lo que la ley sanciona es la comercialización, y nosotros no vendemos ningún producto derivado de ella. Trabaja­mos con el extracto de la planta, que es un aceite que se aplica en micro dosis bajo la lengua de los pacientes. En los talleres que impartimos, enseñamos a autocultivar y cosechar las plantas, para finalmente ex­traer este componente, por lo que nadie en nuestra red puede comercializar productos, y si lo hace, es motivo para salir automática­mente de Daya.

¿En qué pie se encuentra la Fundación hoy?

Estamos en contacto y colaboración con expertos en investigación, como la Dra. Cristina Sánchez de España y Mara Gordon de Estados Unidos. En Chile, trabajamos con un equipo médico y científico que nos asesora, como la Dra. Gisela Kuester, que es neuróloga, así como con la firma de abo­gados de Juan Pablo Hermosilla. Tenemos como primer objetivo avanzar en el conoci­miento científico en relación al cannabis, en su aplicación práctica en nuestro país. El se­gundo transformar las fronteras mentales, pues la realidad y la percepción que existe sobre ella ha cambiado definitivamente, te guste o no. El interés ciudadano es cada vez más grande y actualmente muchos cen­tros de salud pública, como los CESFAM, no cuentan con el personal adecuado para responder las consultas, porque hay desco­nocimiento.

¿Y eso es un problema?

Ese es el gran problema. La desinformación y el ocultamiento deliberado dejó vedados por años los beneficios del cannabis. Pato­logías como la epilepsia, problemas óseos y paliativos contra el cáncer, se han tratado con esta hierba desde hace 6 mil años. La privación a estos incontables beneficios es una violación a los derechos civiles. Por ello, no hay que darle más tribuna al desconoci­miento y la ignorancia.

¿Cómo se proyectan con la Fundación Daya?

Queremos contar con recursos importan­tes, para poder pagarles muy bien a los pro­fesionales que colaboran con nosotros, y que todos se sientan felices de trabajar acá. Nuestra red de médicos ha crecido a nivel na­cional. Tenemos atención médica en Arica, la V Región, Linares, Chillán y Puerto Natales, que trabajan en red. Y a nivel nacional, con­tamos con 90 voluntarios que nos están ayu­dando a cumplir con los objetivos planeados, ya que sabemos que beneficiarán a muchos chilenos que lo necesitan.

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