martes , septiembre 29 2020

Los costos de la crisis sanitaria para las próximas generaciones

Aún no superamos la emergencia del Covid 19 y estamos pensando quiénes asumirán los costos de la crisis. Este gasto fiscal nunca antes visto ¿deberá ser asumido por las próximas generaciones?

Para analizar esta situación, revista Valora conversó con expertos, quienes entregan su visión acerca de la carga tributaria, económica y laboral que podría experimentar la generación sub 30 en los próximos años.

No cabe duda que todos asumiremos el impacto económico de la pandemia, pero las condiciones que enfrentarán esta generación serán distintas.

Considerando que esta generación está actualmente viviendo un proceso de demandas sociales y una pandemia mundial, ¿qué y cuáles son los costos económicos de la crisis sanitaria que deberán asumir las próximas generaciones?

Déficit Fiscal: una carga para todos

Para el académico de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibañez (UAI), Julio Ruitort, la emergencia sanitaria tiene una serie de aristas que llevará a un déficit fiscal de 10% del PIB en 2020.

“Si bien ese nivel de endeudamiento no es tan alto en un contexto de tasas de interés bajas, para recuperar la flexibilidad financiera y tener nuevamente la capacidad de responder con energía a shocks económicos de gran magnitud se avizora necesario balancear el gasto e ingresos para disminuir el endeudamiento”, indica Ruitort.

Según su visión esa eventual combinación de reducción de gasto fiscal y aumentos de impuestos son parte de la carga económica futura que nos deja la crisis sanitaria.

“Pero hay un segundo elemento y es el desempleo para los menores de 35 años y en especial en los menores de 25”, recalca el académico de la UAI.

El desempleo, para Riutort, en la edad de incorporación al mercado laboral tiene grandes efectos negativos de largo plazo en los ingresos de las personas. Se pierde la oportunidad de ganar experiencia, no se forja un historial laboral, se genera desánimo en la búsqueda, entre otras cosas.

Entonces resulta clave en los costos económicos para las futuras generaciones “que podamos salir de la crisis con un mercado laboral vibrante, de lo contrario estimo que el daño puede ser grande y duradero” afirma Riutort.

Para el profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chile, Gonzalo Polanco, parece evidente que no solo la generación sub 30 deberá soportar en el futuro mayor carga tributaria, sino que toda la sociedad.

“Como en muchas discusiones tributarias, un punto crucial en esta conversación es quiénes soportarán la mayor carga. Parece evidente que la respuesta debería ser que aquellos provenientes de sectores de mayores ingresos, criterio que no está relacionado con la edad”, sostiene Polanco.

Pertenecer a una determinada generación, según Polanco, sí puede tener importancia, pues se espera que la generación sub 30 soporte una mayor carga tributaria durante la mayor parte de su vida laboral, la cual probablemente se extenderá más allá de las 60 ó 65 años.

Para el economista y coach financiero de Plan de Vida, Jorge Martínez, los costos de la crisis para las futuras y actual generaciones tiene que ver con que el gobierno está endeudándose en montos muy significativos, sacando de ahorros y bonos soberanos para cubrir el gasto extra que ha generado la pandemia.

“También tiene que ver con que las personas están produciendo menos y pagando menos impuestos por lo tanto se abre una brecha que se maximiza por el lado del gasto y la producción. Las personas no pueden salir a producir y tampoco comprar porque no tiene dinero”, explica Martínez.

Según su parecer, las transacciones son menos, afectando la recaudación de impuestos, lo que significa una carga elevada de los gastos que deberán asumir las actuales generaciones jóvenes que están en edad activa y potencialmente las futuras.

¿Quién asume los costos de la crisis?

Un incremento circunstancial de la deuda pública en torno a 10-15 puntos de PIB se ve “manejable para Chile sin grandes cambios en la carga tributaria”, explica el académico de la UAI.

Para él, lo que posiblemente requiera una mayor carga tributaria es la posibilidad de que parcialmente, en respuesta a la emergencia, se reoriente el gasto público y decidan incrementos de gastos permanentes para apoyar la red de seguridad social.

Para el profesor de la Escuela de Negocios de la U. de Chile, efectivamente el panorama para las finanzas fiscales no es auspicioso ni en el corto ni el mediano plazo. Antes de la pandemia, se estimaba que el déficit estructural de Chile podría alcanzar el 1,4% del PIB.

Tras la pandemia, se han ajustado las cifras, algunas de las cuales hablan de un 3,2%. Lo que parece evidente es que esta crisis dejará debilitada las finanzas públicas, en un contexto de crecientes necesidades y demandas sociales.

En este escenario, las alternativas son dos: reducir los gastos o aumentar los ingresos. “La posibilidad de lograr lo primero es muy compleja, dado el contexto. La trayectoria del gasto público tiende siempre al alza y el recorte en los gastos es de muy difícil implementación”, señala Polanco.

Por lo tanto, se deben aumentar los ingresos.

Los países no pueden endeudarse en forma permanente, por lo que el aumento de los ingresos tributarios resulta ser la vía más probable para enfrentar las demandas sociales y cerrar la brecha del déficit fiscal.

“Lo que normalmente haría un país es elevar la carga impositiva por haber gastado más y producir menos. Lo cierto es lo que más van a cargar las próximas generaciones es una caída en la oferta de empleos y una  ralentización de la economía” afirma Martínez.

A su juicio el alto nivel de financiamiento que hay que generar, va derivar en una nueva discusión que se puede polarizar en cómo se arregla este problema: con una mayor carga impositiva o esperando más tiempo para políticas pro empleo y pro crecimiento económico.

“Van a ser las futuras generaciones las que pagarán una tasa impositiva más alta, van a pagar el precio de una economía deprimida y deteriorada, con mucho menos posibilidades de conseguir empleo” manifiesta en este sentido el experto de Plan de Vida.

La carga impositiva, según explica Martínez, se puede controlar con una reorganización del gasto, lo que es ideal, pero poco probable. “Las futuras generaciones van a pagar los costos de no tener empleo y que el mercado sea más competitivo”.

A su vez, Julio Ruitort, cree que el aumento del déficit fiscal de este año reduce el espacio fiscal hacia adelante, pero la carga no es tan grande como para generar una obligación por el resto de la vida a las generaciones venideras.

“Estamos aún con finanzas públicas relativamente sólidas, por lo que si se pone tope a la negativa trayectoria de los últimos años y volvemos a balancear ingresos y gastos, no tendríamos por qué dejarles una carga inmanejable a las siguientes generaciones”.

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